sábado, 13 de junio de 2009

“Quien canta sus males espanta”

¿Quién no ha oído la frase “Quien canta sus males espanta”?

La voz humana ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales por sanadores, chamanes, hechiceros y sacerdotes para conectar con la divinidad, para recuperar la salud, para hacer conjuros de magia, para decir lo que el corazón siente y lo que la mente piensa.
La verdadera magia de la voz reside precisamente en este acto. Nuestra garganta es el puente que une nuestro cuerpo físico-emocional con nuestro mental-espiritual. Por ello es que a través de nuestra voz unimos esos dos mundos, el mundo de arriba y el mundo de abajo en la tradición chamánica, el mundo de los hombres con el mundo de Dios en la tradición religiosa (“Religión” es precisamente eso re-ligare, UNIR).
Ya lo sabían los esclavos africanos en los campos de algodón de América del Norte, cantando sus “spirituals” para hacer menos penosa su esclavitud. Lo sabe la madre que canta a su hijo una canción de cuna para calmarle y lograr que se duerma.
Cuando el Concilio Vaticano II se pone en práctica, en un monasterio benedictino de Francia el nuevo abad decide que los monjes, que oraban haciendo sus cantos gregorianos, dejen de hacerlo, para dedicar el tiempo para cosas “más provechosas”. En poco tiempo, casi todos los monjes fueron enfermando sin poder saberse la causa de su mal. Consultado el Dr. Alfred Tomatis, médico y pionero de la Terapia con Sonido, advierte que todo comenzó a partir de este cambio y propone que se permita a los monjes cantar nuevamente en sus oraciones. Los monjes sanan rápidamente.

Cuánto hace que no nos permitimos cantar? Tararear una melodía, celebrar nuestras alegrías, nuestras festividades, llorar nuestros duelos cantando?
El infinito poder sanador del sonido está dentro nuestro, simplemente necesitamos permitirle aflorar, llenar nuestros pulmones de aire, oxigenar todas nuestras células, y hacerlas vibrar con el sonido de nuestra propia voz, de modo que recuerden que somos una Unidad, que vibren al unísono, en una sinfonía coral de Armonía total.
La terapia de Sonido utiliza la voz humana como herramienta de armonización mediante sonidos simples: vocales, cantos armónicos, pequeños juegos tonales, No se requiere una voz especialmente dotada, sólo es necesaria la entrega, la conexión corazón a corazón desde el terapeuta al receptor.

Rosa María Golez
Terapeuta de Sonido